Fantasía

12:31

El mundo en silencio: 

«Las paredes manchadas de sangre; la mayoría de casas quemadas; la aldea en ruinas.

Todo eso podría ser obra de saqueadores. Sí, podría. Pero una voz en mi interior grita con rabia y me dice que no ha sido cosa de humanos.

Elevo el antebrazo y, con una explosión de luz azul, se manifiesta Laht: mi cuervo sagrado.

«Busca sus rastros» le ordeno mentalmente.

Grazna y se pierde entre las copas de los árboles. Miro a Adalt, asiento con la cabeza y, mientras caminamos hacia los caballos pisando la tierra manchada con el líquido negro que recorre las venas de los silentes, gruñe.

Sonrío sin que me vea y pienso que esta caza será entretenida».

Estos son los pensamientos de Vagalat: un guerrero que ansia dar caza a los monstruos que desean saciar el hambre devorando almas humanas.

Son los pensamientos de alguien en busca de redención, de justicia enmascarada en venganza, de expiación de los pecados.

Son los pensamientos de un guerrero que, mientras lucha contra fuerzas oscuras y ancestrales, se verá arrastrado a enfrentarse con una parte de él que aguarda en silencio dentro de su ser.

Son los pensamientos de un hombre que no solo desconoce el futuro incierto al que le conducen sus pasos, sino que además pronto descubrirá que nada es lo que parece.

Vagalat no tardará en darse cuenta de que, cuando la situación lo exige, es mejor aceptar cuanto antes lo que somos, lo que hacemos y lo que hicimos.


La guerra del mar: 

Cibroal... Ese pequeño pueblo que parece una "isla". Lo mismo de siempre, la misma gente, los mismos edificios, el mismo aburrimiento... Cuando allí el hecho de que una nueva familia se mude sea equiparable a la noticia de una catástrofe mundial. Quizás no para todos sus habitantes, pero para Cris esa catástrofe es a
nivel personal, «sentimientos» lo suelen llamar, restándole importancia al caos interior que producirá su nuevo y extraño compañero de clase, Matthew Finnigan.



El amanecer de los caídos:
En algún lugar del Continente, a finales del Medievo, habita la muerte. Está en todas partes, así como el hambre, la desesperación y la miseria. Las iglesias hacen sonar sus campanas, las palomas transmiten el mensaje por cielo y las ratas por tierra: La peste ha llegado. Muerte, miedo, llantos y gritos. Los humanos son débiles, sólo necesitan un golpe mortal para ser erradicados. Y desde lo más profundo del bosque, oculta por el abrigo del tiempo y el olvido, llega la amenaza de un mal mayor. Ya están aquí, habían estado esperando su momento y ahora su presencia destruye toda esperanza.

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